Una historia de bullyng: 20 años después me quito la carga.

Hace 20 años no era conocido el bullyng, ni siquiera había una palabra para definirlo, estaba el abusón, o abusona, la marimandona o cosas por el estilo. El bullyng viene definido como cualquier maltrato físico, verbal,  o psicológico que se produce entre escolares de forma reiterada y a lo largo del tiempo. Creo que se queda corta, en mi caso, el acoso no venía por parte de compañeras del colegio, aunque te puedes llevar mejor o peor con algunos.

Todo empezó cuando un grupo de chicos, se añadió al grupo con el que salíamos habitualmente, tenía unos 13 años, época de cambios físicos, y psicológicos, rebeldía hacia la familia, y más cosas que caracterizan la adolescencia. Entonces, uno de ellos empezó a meterse con mi aspecto físico, no estaba en sobrepeso, un poco rellenita tal vez, pero la cuestión es, que cogió su rabia y la volcó hacia mi persona, primero llamándome gorda, luego monstruo bu, fea y todos los descalificativos habidos y por haber. Como en ese momento me entraba por un oido y me salía por otro, o aunque me defendiese sólo servía para que insistiera más, seguía en el grupo, pensaba que por un “gilipollas” no me merecía la pena quedarme sin salir y ver a mis amigas, o quien yo creía que lo era.

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Esto se fue agravando, alargando, y a este personaje, se le fueron sumando otros del grupo que se creían seres superiores por machacar, insultar, timar, gastar bromas pesadas,inclusive tirar piedras, mientras el resto observaba, se reía, o simplemente no hacía nada, en este sentido eran cómplices, en verdad la única que podía hacer algo era yo, pero era incapaz de poner fin, me sentía bloqueada ante la situación. Me decía a mi misma “que les den, no llevan razón, son más tontos …” y allí seguía, con mis “amigas” porque total en casa todo era hacer faena, estudiar, y aburrido. ¿Qué pasa si aguantas, un día, y otro, y otro, y otro más, así, durante 3 años? Pues simple, al final, te crees eso que te dicen, te crees fea, gorda, inútil, tonta, te crees que no vales para nada, porque además todo ello influye para dormir, estudiar, y suspendes, nada tiene sentido, sientes rabia, pena, dolor, soledad, y quieres morir, sólo quieres desaparecer, las relaciones con la gente no son igual, desconfias, te sientes juzgada, y ni tu misma eres capaz de mirarte al espejo. ¿Cómo no? Tuvo consecuencias en mi salud, tanto física, me costó pasar una anorexia, como psicológica, verlo todo negro, negativo, y asistir a cualquier acto social es todo un desafío, aún hoy me cuesta relacionarme, confiar, y no sentirme juzgada. Sólo me gustaría hacerles reflexionar sobre cómo se sentirían estas personas, si los acosados fuesen sus hijos, sobrinos, u otros seres queridos, seguramente no les resultase agradable, y no se trata de hacerles sentir culpa, cada uno es responsable de sus actos, unos por acosar, otros por ser cómplices, y en mi caso soy responsable de haberlo permitido. Ahora los perdono, creo que eran ignorantes en ese momento del daño que ocasionaban, y vacíos de sentimientos.

Yo decidí abandonar ese grupo cuando no pude más, no buscar ayuda, pero lo que no sabía era que tenía ese derecho y esa capacidad de decisión desde el minuto primero, porque valgo como persona, porque es mi derecho vivir, ver las cosas desde otra perspectiva, tengo derecho a ser tratada con dignidad, y sobre todo tengo derecho a caer cuando la cuerda se rompe, aunque mejor si no lo hace, si hubiese buscado ayuda antes, quizás el proceso habría sido más rápido, y no hubiese tenido tantas consecuencias emocionales, y físicas. Lo importante es quien soy ahora, y esta etapa forma parte de mi vida que ya se queda atrás,  en cierto modo esto me ha hecho crecer como persona, saber decir basta, y no dar por ciertas las opiniones ajenas.

A pesar de todo, les doy las gracias, porque esa experiencia, me hizo más fuerte, y de ella he aprendido: que no es mejor nadie por ser de aspecto más agradable aunque la sociedad lo crea, el mundo esta lleno de personas de mal aspecto físico, con un corazón más grande que su pecho. Por otra parte, si algo no me gusta lo digo, porque tengo derecho a expresar mi opinión, no es la más válida, pero la puedo decir, y me da igual lo que pienses. Muchas veces, se sobrevaloran las amistades, cuando en realidad, quienes no van a fallar nunca son tus familiares. También les doy las gracias, porque he aprendido a valorar mis habilidades, he descubierto que tengo múltiples posibilidades, he descubierto mis fortalezas y mis debilidades, y me quiero como soy, con lo mejor y lo peor, la vida está llena de subidas y bajadas, sólo hay que aprender a planear cuando bajas para que no sea el golpe tan fuerte, hay que exprimir los momentos agradables porque la felicidad es saber disfrutar y valorar esos momentos, y aceptar los desagradables sin hundirse con ellos.

Las personas somos únicas cada una, y cada uno tiene algo que le caracteriza aunque no lo sepas, o no te lo creas, o no lo hayas descubierto, tienes valor, el que te das a ti, no el que te da nadie, y también el valor que decidas desarrollar.